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-¿Qué
es el trastorno límite de personalidad?
-Es el de
una personalidad "borderline". ¿Le suena?
-Sí,
¿la de alguien cuya inteligencia bordea la normalidad?
-¡No!
Eso es una confusión: nada tiene que ver un trastorno límite
de personalidad (TLP) con la inteligencia. Mi hijo Ricky era inteligente,
podía obtener buenas notas en sus estudios..., pero padecía
un TLP.
-Defíname
usted ese trastorno, pues.
-Se la ha
definido como enfermedad de los sentimientos y las relaciones interpersonales.
La persona que la padece es impulsiva e inestable en sus afectos: falla
en la gestión socialmente sensata de sus sentimientos.
-Suena
bastante exótico...
-Pues no
lo es, ¡afecta a un 2% de la población! Eso, en Catalunya,
son 150.000 personas. ¡De hecho, afecta a 150.000 familias, lo que
supone que implica a muchísima gente!
-Pues
no había oído antes hablar del TLP.
-Porque
es un síndrome de muy difícil diagnóstico. Muchos
casos están mal diagnosticados por el médico. A mi hijo
le diagnosticaron sucesivos síndromes: que si era paranoico, psicótico,
esquizofrénico... Hasta que se entendió que padecía
un TLP.
-¿Y
cómo se manifestó en su hijo?
-Suele aflorar
en la adolescencia. Ricky, a los 13 años, padeció un brote
de angustia, de ansiedad, llegó a golpear su cabeza contra la pared...
"A mí me pasa algo, mamá", decía.
-Pero,
¿hacía vida normal?
-Sí...
Pero son personas muy sensibles a la mirada crítica del otro, al
rechazo, a las broncas y reproches... Eso les estresa y les lleva a rehuir
la vida social, a los amigos, a dejar de presentarse a entrevistas de
trabajo...
-¿Qué
otros síntomas tuvo Ricky?
-Tuvo brotes
de anorexia (temporadas sin comer) y otros de bulimia (compulsión
por la comida). Un día preparé una tarta de cumpleaños
para su hermano, y Ricky entró en la cocina y lo devoró
entero, a solas.
-Habrá
quien diga que era simplemente un chico malcriado, maleducado...
-¡Falso!
A Ricky lo educamos como a sus otros hermanos. Decir eso es injusto con
los padres, que ya se culpabilizan de sobra, pobres, y sin motivo... No,
es un síndrome con una base biológica, pero aún mal
estudiado.
-Bien,
bien...
-Un día
murió su abuelo: se querían... pero Ricky se mostró
frío, impasible. En cambio, otro día, ¡viendo una
película de dibujos animados!, rompió a llorar desgarradoramente,
como si hubiese muerto alguien querido.
-¿Qué
escena vio que tanto le afectó?
-Una tan
inocua... A un personaje se le derretían los zapatos. ¡Tuvimos
que salir de aquel cine, de tanto que lloraba Ricky!
-Uf,
qué complicado...
-Ellos sufren
lo suyo. Sienten que no los entienden, que son inútiles y molestos,
y crece en ellos la idea de que nadie los quiere.
-¿Son
peligrosos?
-Para ellos
mismos: hay autolesiones y suicidios... Y se dan también episodios
de ira, y destrozan cosas... ¡Y al día siguiente son los
seres más mimosos y cariñosos del mundo contigo! Y al otro
son gélidos, pasan de ti...
-¡Menuda
ducha escocesa!
-Sí.
Es como si Ricky no tuviese una personalidad propia y tomase una distinta
cada día, ¡o varias veces al día! Ricky tenía
una sensación crónica de vacío, de no saber adónde
iba... Los padres de un TLP quedan derrengados. Padre y madre se reprochan
cosas uno al otro, y suelen darse separaciones.
-¿Cómo
evolucionó Ricky?
-Cometía
ya hurtos en casa. Porque son personas incapaces de administrar sensatamente
el dinero y de calibrar el valor de las cosas. Y también cayó
en la toxicomanía...
-Lo que
faltaba.
-Entre los
multiformes rasgos del TLP está la proclividad a las adicciones:
droga, juego, sexo, alcohol, comida...
-¿Y
qué hizo usted?
-Conseguí
que entrase en un centro de desintoxicación. Por contrato, te comprometes
a que, si el chico escapa y viene a tu casa, no le abrirás la puerta
y le instarás a regresar.
-No me
diga que llegó a suceder eso...
-Sí.
Se escapó. No supe por dónde andaba durante varios días
hasta que, una madrugada, llamó a mi puerta, llorando desconsolado,
muerto de hambre y frío. ¿Sabe lo duro que fue para mí
dejar fuera a mi propio hijo?
-Puedo
imaginarlo...
-Volvió
al centro. Volvió a escaparse. Desapareció. Me enteré
de que ejercía de prostituto. Le localicé a través
de un detective y lo arranqué de allí, y lo llevé
a casa.
-Qué
locura, cuánto sufrimiento...
-Le ayudamos
a tener su apartamento. Pero son personas muy desorganizadas, incapaces
de mantener orden y limpieza en sus cosas... En eso actúan como
niños pequeños.
-¿Y
en sus relaciones sentimentales?
-No suelen
durar demasiado.
-¿Y
cómo lo llevaban sus hermanos?
-Ansiaban
independizarse, salir de casa para huir del infierno desatado por su hermano
"borderline", que es una enciclopedia de todas las neurosis
y psicosis, tan poliédrico...
-¿Hay
cura? ¿Qué dicen los especialistas?
-Tratar
a un TLP desgasta mucho, les agota... y tiran la toalla. ¡Muy pocos
se dedican a fondo en España a este complejo síndrome!
-Pero
¿qué tipo de terapia sería eficaz?
-La llamada
terapia cognitivo-conductual, con participación de psiquiatra,
psicólogo y familia. Eso logra equilibrar a los enfermos de TLP.
Pero aquí están en mantillas.
-¿Qué
fue finalmente de su hijo Ricky?
-Su pasión
era su moto. Tras comer en casa aquella víspera de Reyes, salió:
"Adiós, mami...". Llovía, una curva... Se mató.
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